
Winnicott: la autonomía no nace en soledad
Aprender a hacer algo por cuenta propia no empieza cuando desaparece toda ayuda. Empieza mucho antes: cuando una presencia confiable permite probar, equivocarse, pedir apoyo y volver a intentar. Una frase provocadora de Donald W. Winnicott ayuda a mirar de otro modo esas escenas cotidianas en las que un niño todavía necesita a alguien cerca.
Una frase que parece imposible
“No existe tal cosa como un bebé” (traducción propia de “There is no such thing as a baby”). Winnicott, pediatra y psicoanalista británico, recuperó esa formulación en 1952, en su trabajo Anxiety Associated with Insecurity. No negaba la existencia del bebé ni su singularidad. Su argumento era relacional: cuando vemos a un bebé, vemos también —aunque quede fuera del encuadre— a alguien que lo cuida. En el comienzo, escribió, la unidad relevante es el conjunto ambiente-individuo.
La frase pertenece a una teoría clínica situada en su época; no es un resultado experimental ni una receta universal de crianza. Sin embargo, abre una pregunta fértil para hogares y escuelas: ¿cuántas veces llamamos “falta de autonomía” a una dificultad sin mirar las condiciones que rodean al niño?
Acompañar no es reemplazar
Desde RosarioEduca proponemos leer a Winnicott sin idealizar el cuidado ni convertirlo en una nueva exigencia de perfección. Sus textos suelen nombrar a la madre o a la enfermera con el lenguaje de mediados del siglo XX. Hoy necesitamos ampliar el encuadre: cuidan madres, padres, abuelos, hermanos, docentes, equipos e instituciones. Ninguna persona puede estar disponible siempre ni controla por sí sola todos los resultados.
El punto no es hacer todo por el niño. Un sostén valioso vuelve posible el próximo movimiento y, cuando llega el momento, sabe retirarse un poco. La ayuda que reemplaza de manera permanente puede reducir oportunidades de ensayo; la ausencia abrupta de apoyo puede transformar un desafío posible en una experiencia de desamparo. Entre ambos extremos existe una tarea delicada: observar, ofrecer lo necesario y revisar.
Del sostén a la autonomía
En casa, ante una tarea nueva —preparar la mochila, ordenar materiales o vestirse—, se puede dividir la acción en pasos, ofrecer dos opciones y acordar qué parte hará el adulto y cuál probará el niño. La meta no es que salga perfecto, sino que la participación crezca.
En el aula, si un estudiante no comienza solo, antes de concluir que “no quiere” conviene revisar la consigna, el acceso a los materiales, el modelo disponible y la posibilidad de pedir ayuda sin vergüenza. Un primer paso visible, una referencia breve o el apoyo de un compañero pueden funcionar como andamio; después, ese apoyo se reduce y se observa qué ocurre.
Para pensar
1. ¿Qué situaciones que llamamos “falta de autonomía” podrían ser, en parte, falta de condiciones o apoyos accesibles?
2. ¿Nuestra ayuda habilita el próximo intento o termina sustituyéndolo?
3. ¿Los chicos pueden pedir acompañamiento sin sentir que fallaron?
La autonomía no es aislamiento. Es la capacidad creciente de actuar, decidir y pedir ayuda desde una base suficientemente segura. Tal vez educar consista también en aprender esa coreografía: estar cerca sin invadir, soltar sin abandonar y reconocer que cada paso propio tuvo, alguna vez, un sostén.
Fuentes consultadas
- Donald W. Winnicott, “Anxiety Associated with Insecurity” (presentado el 5 de noviembre de 1952; publicado en Through Paediatrics to Psycho-Analysis, 1958).
- Reproducción de Through Paediatrics to Psycho-Analysis, capítulo VIII.
- British Psychoanalytical Society: perfil de Donald Woods Winnicott.




