Desarrollo de la lectoescritura

lectoescritura

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Crear, imaginar y comprender en tiempos de estímulos instantáneo

Acompañar el desarrollo de la lectoescritura es mucho más que enseñar a leer y escribir. Es abrir puertas a la expresión, a la comprensión del mundo y al disfrute de imaginar.

Una buena manera de hacerlo es invitar a los chicos a ponerle nombre a sus propios dibujos. Esa simple acción los lleva a pensar, a buscar palabras, a encontrar sentidos. Además, a partir del dibujo pueden inventar historias: ¿qué pasa con lo que dibujaron?, ¿quiénes son los personajes?, ¿qué aventuras pueden vivir? Lo mismo puede lograrse proponiendo una frase creativa y pidiendo que inventen un cuento a partir de ella. Así, cada chico escribe desde su mirada, con libertad y entusiasmo.

También es importante estimular la coordinación entre la vista y las manos, necesaria para una escritura clara. Actividades como recortar, rasgar, moldear, doblar papel o formar bolitas ayudan a fortalecer esa capacidad de forma lúdica.

Cuando ya se inicia la lectura comprensiva, es clave ofrecer materiales que conecten con sus intereses. Leer sobre lo que les gusta despierta la curiosidad y hace que la lectura se vuelva un momento esperado y placentero. Desde ahí, el camino del aprendizaje se vuelve más amigable.

Después de una lectura, es valioso generar un espacio de conversación. Preguntar qué les gustó, qué cambiarían, qué final se les ocurre. Esto no solo refuerza la comprensión, sino que activa su creatividad y les muestra que leer también es imaginar.


Algunas reflexiones para pensar

En muchos casos, los chicos encuentran la lectura “aburrida” porque están acostumbrados a estímulos rápidos, visuales e inmediatos. Las pantallas ofrecen respuestas constantes, sin pausa, y eso puede dificultar la atención sostenida y el gusto por la lectura.

Por eso es importante regular el tiempo frente a pantallas, especialmente en edades tempranas. No se trata de eliminar la tecnología, sino de equilibrarla. La lectura necesita tiempo, silencio, paciencia y espacio para pensar. Y esas condiciones hay que volver a ofrecerlas en la escuela, en casa y en cada oportunidad posible.

Fomentar la lectoescritura no es solo enseñar un código. Es despertar la capacidad de nombrar, imaginar, conectar ideas y expresar lo propio. En un mundo que va cada vez más rápido, leer y escribir puede ser un acto de pausa… y de profundidad.